1
Semana
El diagnóstico
Saber de dónde parte
- Calcular mis gastos mensuales reales mirando los últimos tres extractos bancarios.
- Anotar mis deudas y su interés. Las que superen claramente la rentabilidad esperada de la inversión tienen prioridad absoluta sobre cualquier cartera.
- Decidir el tamaño de mi fondo de emergencia (entre 6 meses y 2 años de gastos) y dónde lo guardaré.
2
Semana
La decisión
Diseñar la cartera
- Releer el capítulo 5 y fijar mi reparto renta variable / renta fija con la regla rápida: renta variable = el doble de la pérdida máxima que tolero.
- Elegir mi arquitectura de renta variable y mi vehículo según el capítulo 8.
- Rellenar la plantilla del plan de inversión (capítulo 10). No firmarla todavía: dejarla reposar unos días y comprobar que sigo de acuerdo conmigo mismo.
3
Semana
La ejecución
Abrir y comprar
- Abrir cuenta en la comercializadora o roboadvisor elegido.
- Localizar los fondos concretos comprobando tres cosas: el índice que replican, que sean de acumulación y réplica física, y su TER.
- Hacer la primera aportación, aunque sea pequeña.
- Si tengo un capital grande pendiente, decidir entre entrada única o escalonada (capítulo 10) y programarla.
4
Semana
La automatización
Poner el piloto automático
- Configurar la aportación periódica mensual (capítulo 14), con transferencia automática el día siguiente a cobrar la nómina.
- Anotar en el calendario una única cita anual para revisar y rebalancear.
- Firmar el plan de inversión y guardarlo junto al protocolo de crisis (capítulo 9) y el checklist final (apéndice F).
Y a partir de aquí, la instrucción más difícil del libro:
no haga nada más. Un año después, dedique una hora a la cita anual: comprobar que las aportaciones se ejecutaron, rebalancear si algún activo se salió de banda y releer el plan. Eso es todo. Así se ve, en la práctica, mantener el rumbo.